domingo, 14 de marzo de 2021

Anexo: El coste social de la pornografía.

EL COSTE SOCIAL DE LA PORNOGRAFÍA.


Gary Brooks, psicólogo que estudia la pornografía en la Texas A&M University, explica que «el porno suave tiene un efecto muy negativo sobre los personas. El problema que plantea es que enseña a los hombres y mujeres a ver al sexo contrario como objetos. En lugar de entablar relaciones con ellas en tanto personas, las usan como objetos de placer».


Aquellos que ven mucha pornografía comentan la repugnancia que experimentaron la primera vez que se encontraron accidentalmente con una imagen desagradable o con porno infantil que no iban buscando. Pero de desagradables pasan a ser molestas y después buscadas, deseando cada vez mayor excitación: pasando a extremas, porno duro y aberrante, zoofilia, sexo en grupo, sadomasoquismo extremo, tortura genital, pornografía infantil, con episodios de violencia e incluso asesinato o suicidio.

Tras haberse hecho con una parte importante del mercado masculino, la industria pornográfica está dispuesta a sacar provecho del 50% del resto: cómo pueden las mujeres introducirla en su propia vida. Lo porno es sexy, y si quieren resultar atractivas desde el punto de vista sexual tienen que entenderlo. Los efectos de la pornografía en las mujeres son los mismos que en los hombres.


Un estudio de la Columbia University, realizado en el 2004, constató que 11,5 millones de adolescentes estadounidenses (45%) consumen pornografía, y los que lo hacen son más propensos a consumir droga y ha permanecer adictos y ha tener tendencias al suicidio.


La pornografía promueve y erotizca los desequilibrios de poder, la discriminación, la falta de respeto, los abusos, la violencia, el voyerismo, la objetificación y la indiferencia. Además, muchas mujeres sufren efectos psicológicos, como fatiga, variaciones del apetito, de la líbido, síntomas de ansiedad y depresión y tendencias suicidas.También esta fractura emocional les lleva a beber, consumir drogas, ser infieles o participar en actos sexuales que anteriormente consideraban aberrantes, así como se aumenta el riesgo de la separación o divorcio.


Los que pagaban por mantener relaciones sexuales (con prostitutas, por ejemplo), tenían una probabilidad 3,18 veces mayor de consumir pornografía online que los que no habían tenido relaciones sexuales pagadas.


Existe una conexión entre el consumo pornográfico y el abuso sexual en el matrimonio, de modo similar al alcoholismo y la violencia. Ahora estamos viendo cómo la adicción a Internet alcanza proporciones endémicas, especialmente en lo que respecta al cibersexo. Afirma Mark Schwartz, psicólogo y exdirector del Masters and Johnson Institute de St. Luois (Misuri).


La legislación y jurisprudencia en EEUU respecto a la pornografía en todos sus grados se halla sumida en una intrincada selva de definición de conceptos. Ha caído en un subjetivismo.


El sexo, en su forma sana, implica salir del propio yo y hacer feliz al otro, -un intento por conocer y unirse corporalmente y espiritualmente a la otra persona- un acto importante que forma parte de la ejecución de ese proyecto de vida común de los esposos. Supone tratar al otro como un ser libre y disfrutar del placer mutuo, posible únicamente a través del interés recíproco desde la conciencia y la libertad.


Extracto del libro Los costes sociales de la pornografía. vvaa. Ed. Rialp.

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